Morph

Nápoles, 2013. Un nombre que es una declaración de intenciones: morph, metamorfosis, lo que cambia de forma sin pedir permiso. Esta casa italiana no fabrica perfumes para gustar a todos, fabrica esencias densas, concentradas hasta el límite, que se quedan en la piel y en la ropa hasta el día siguiente.

Su firma es el contraste. Morph trabaja con narices como Sofia Bardelli o Douglas Morel y se distribuye en muy pocos puntos por decisión propia. No es perfumería de masas disfrazada de nicho. Es lo contrario: fragancias que se reconocen a tres metros y que nadie más lleva igual.

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